Esta hermosa miniatura de la península italiana, siempre ha gozado de un encanto único y diferente. Su notoriedad se remonta a la llegada de Cristóbal Colon, al que los indios Ciguayos, antiguos habitantes de la isla, recibieron con una lluvia de flechas. Por este motivo a una parte de la bahía se le denominó el Golfo de las Flechas.
La Península de Samaná siempre ha atraído visitantes, no solamente por sus bellas playas de arena dorada, con orillas sombreadas por miles de cocoteros (posee la mayor cantidad de cocoteros por metro cuadrado del mundo), sino por su posición estratégica en la geografía caribeña. Las incursiones francesas, alternando con la intrusión de los bucaneros ingleses,
fueron muy frecuentes. En el siglo XIX los seguidores de Napoleón querían edificar en Samaná la ciudad napoleónica, y hasta los Estados Unidos ofrecieron comprarla por un millón de pesos.
La península es una de las tierras mas longevas de la isla, emergida del fondo del mar hace unos 500 millones de años. Prueba de esta larga historia serian los yacimientos de hulla o carbón en el municipio de Sánchez y de la inmensa reserva de mármol Portoro, cuya exclusividad en el mundo la poseen Italia y la República Dominicana en Samaná.
El hecho de estar apartada por las montañas del resto de la civilización parece una razón natural para que
aquí todo discurra de forma un poco diferente al resto del país. Encontraran muy pocos resorts “all included”, siendo la mayor parte de su oferta hoteles, cabañas y bungalows de ambiente familiar o un poco más grandes.
La Península de Samaná es un destino ideal para los amantes de la naturaleza, la aventura y el deporte. Descubra sus atractivos visitando sus aldeas rurales, sus interesantes cuevas y cavernas, sus cayos e islotes en medio de la bahía, lomas verdísimas, grandes extensiones de cocoteros, bosques, riachuelos, farallones, ensenadas y, por supuesto, sus maravillosas y abundantes playas de aguas turquesas, escondidas, solitarias, salvajes...