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Zona Colonial
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Su visita a la República Dominicana no estará completa sin recorrer la Zona Colonial de Santo Domingo. Esta ciudad amurallada, considerada la cuna de América, es la más rica del Caribe en arquitectura y recuerdos de la época colonial: impresionantes monumentos magníficamente conservados, fortalezas e iglesias donde priman el ladrillo y la piedra, callejones escondidos, casas de piedra coralina donde la vida se entretejía alrededor del llamado patio español, decorado con fuentes, vegetación y azulejos que confirman la presencia de la cultura árabe en la España de aquella época, convierten esta zona en un maravilloso viaje al pasado.

La ciudad de Sto. Domingo de Guzman mantiene en el misterio los datos precisos de su origen, la historia nos cuenta que fue fundada a finales del siglo XV en el margen oriental del río Ozama, pero fue completamente destruida por un ciclón, y de nuevo erigida por el Governador Nicolas de Ovando en el extremo opuesto del mismo río. Documentos hístoricos fechan la segunda fundación de la ciudad el 5 de Agosto de 1502, siendo la V de las primitivas poblaciones españolas de la isla, La Isabela, Santiago, La Vega y Bonao la precedierón.

De aquí partió Ponce de León hacia la isla de Puerto Rico. Diego de Velázquez salió de este puerto rumbo al oeste para colonizar Cuba. Hernán Cortés lanzó la conquista de Moctezuma
mapa zona colonialy de México desde el río Ozama. Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico, residió entre sus muros. Cristóbal Colón pisó tierra dominicana en más de una ocasión durante sus viajes de descubrimiento en el Nuevo Mundo.

No debe extrañar que Santo Domingo fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La ciudad guarda más de 300 monumentos históricos, mudos testigos del ir y venir de los hacendados españoles que cruzaban sus calles en el siglo XVI.

Una mirada al pasado
Algunos de los lugares que no pueden faltar en una visita: la Basílica de Nuestra Señora de la Encarnación, Catedral Primada de América, el Alcázar de Colón, las Ruinas de San Francisco, las Ruinas del Hospital Nicolás de Bari, la Casa del Cordón, la Fortaleza Ozama, el Museo de Las Casas Reales, el Mausoleo de los Próceres y la Calle de Las Damas.

Esta es una ciudad creada para peatones, con una irresistible red de avenidas secretas y pasillos estrechos comisionados por conquistadores y cardenales. No deje de explorarlos cuando visite los monumentos más importantes.

Le recomendamos comenzar su recorrido por la Puerta de San Diego, una de las entradasruinas en la zona colonial principales a la ciudad fortificada, donde podrá ver restos de los enormes muros. Al llegar a la puerta dirija su mirada hacia El Alcázar, esta mansión de 22 habitaciones sirvió de hogar para Diego Colón y su esposa, Doña María de Toledo. Nombrado Virrey del Nuevo Mundo, Diego dirigió la corte española desde sus pórticos labrados. El majestuoso edificio muestra huellas del estilo gótico y del mudéjar con toques renacentistas italianos y españoles, contiene una de las colecciones más apreciadas de muebles y artículos caseros de la época.

Varias plazas adornan la Zona Colonial, aunque una en particular merece una mención honorífica: la Plaza de Armas. Localizada frente a la Catedral, es el lugar de reunión para sus habitantes. Aquí las parejas andan tomadas de la mano y los niños corren a su libre albedrío. Cerca queda la famosa Calle Las Damas, la más antigua de la Ciudad y el corazón de la Zona Colonial.

La siguiente parada es el Museo de las Casas Reales, asiento de la administración de la colonia durante más de 300 años. Aquí se tomaron importantes decisiones para la colonización del Nuevo Mundo, desde Colombia hasta Florida. El museo exhibe artefactos del siglo XVI, incluyendo réplicas del trono del virrey y una sala de tribunal colonial.
La Fortaleza Ozama, el monumento militar más antiguo de las colonias, queda casi al final de la Calle Las Damas, sigue vigilando la entrada a la ciudad, al río Ozama y al Caribe. La estructura sirvió de fortaleza y prisión desde 1505 hasta 1844. Hoy día, los turistas pueden entrar a la Torre del Homenaje y seguir los pasos de los centinelas que vigilaban el horizonte buscando goletas enemigas. Cerca queda la Casa de Bastidas, antiguo hogar de Rodrigo de Bastidas, el patriarca de una de las familias más influyentes del Nuevo Mundo y alcalde de Santo Domingo. Su casona es un excelente ejemplo de residencia colonial del siglo XVI. Actualmente convertida en centro de oficinas para diferentes instituciones culturales y de tienda de artes manuales.

Siguiendo por la Calle Las Damas y se topará con el paseo peatonal El Conde. A dos
la catedral por la nochecuadras en dirección oeste queda el Parque Colón y la impresionante Catedral de Santa María la Menor, la Primada de América. Su fachada, hecha de piedra caliza y coral dorado, encierra un interior de estilo gótico, bello ejemplo de arquitectura renacentista española con toques barrocos. Tristemente, su pasado no fue siempre tan precioso. En 1586, Sir Francis Drake atacó Santo Domingo durante su desenfrenado saqueo del Caribe y prendio fuego a la Catedral, llevandose consigo muchos de sus tesoros, incluyendo los vitrales. No fue hasta 1990 que la restauraron poniendole vitrales nuevos. Estos fueron creados por Rincón Mora, un artista dominicano contemporáneo, que diseñó obras modernas que complementan el altar del siglo XVIII en caoba labrada a mano, el carillón de plata hecho por el escultor italiano Benvenuto Cellini en el siglo XVI y el óleo que data del siglo XVII del artista español Bartolomé Murillo.

Grandeza y decadencia, esplendor y miseria, todo ello se plasma y se revive en las viejas piedras de la ciudad, que permanecen como testimonio y como prueba, como recuerdo y enseñanza.

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